Medida de disposición...

Author: Michelle / Etiquetas: ,



Mientras leía Filipenses 3, me preguntaba esto; o quizás Dios me lo pregunta. En este capítulo, enfocando más de cerca a los versículos 7 al 10



(…7 Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo.8 Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo9 y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe.10 Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte…)



Pablo habla de cómo debemos enfrentar la vida siendo cristianos. TODO es una perdida, TODO es una basura comparado con Cristo. Con tal de conocer a Cristo, todo lo demás pierde valor, pierde sentido. En el versículo 10, se puede decir de una manera los requisitos que hay que tener para seguir a Cristo, para ser cristiano.



1. Conocer a Cristo: para ser cristiano, primero es necesario tener un encuentro personal con Cristo. Parece algo obvio, pero hay muchos casos que la persona le gusto lo que es el cristianismo como movimiento social, como un lugar de contención moral, etc., pero nunca conoció a Cristo.



2. Experimentar el poder que se manifestó en su resurrección: Después de conocer a Cristo, podemos experimentar, ver, sentir, ser testigos de tal poder que hubo en su resurrección. Esto es un momento sobrenatural, que nuestra mente no entiende. Como ser humanos, no podemos llegar a entender por completo tan grande poder, poder suficiente para resucitar. Solo podremos llegar a un entendimiento sobrenatural cuando hemos tenido un encuentro sincero y verdadera con Cristo, y cuando el Espíritu Santo entra en nosotros. Esto último es clave para todo aquello que tiene que ver con la divinidad del cristianismo.



3. Participar en sus sufrimientos: Aunque nos gustaría que todo fuera color de rosa, no es así. Aceptar a Cristo, ser cristiano, ser discípulo, no significa que vamos a vivir en una burbuja de contención, y que los problemas se desaparecen. Si vamos a tener un lugar donde poner nuestra esperanza, donde podemos tener paz sobrenatural que no se explica, donde podemos enfrentar la vida con otra perspectiva. Cuando habla de participar en sus (Cristo) sufrimientos, se refiere a estar dispuestos a que nos pase cualquier cosa por nuestra fe. Cristo padeció de muchos diferentes tipos de sufrimientos: Físicos, emocionales, sociales, etc. Sufrir como El sufrió no significa que vamos a tener la vida más dura (aunque puede ser), ni significa que no vamos a disfrutar de nada en esta tierra, ni esta contentos. Participar en sus sufrimientos significa que nuestra entrega, nuestro amor, nuestra fe por y en Cristo es tan grande, es tan serio, que si significa sufrir físicamente, que así sea. Si significa discriminación social, o burlas que nos dañan el corazón, o que no nos acepten por ser cristianos, estaremos en paz sabiendo que somos ciudadanos del cielo y que tenemos un lugar en la casa de nuestro Padre.



4. Llegar a ser semejante a Él en su muerte: Cuando leí este fragmento del versículo, al principio me parecía como una repetición al anterior, pero lo leí otra vez, escuche el Espíritu que me explicaba. Cuando Jesús estaba en la cruz, cuando El estaba por morir, como sabemos, El tiene el poder, podría haberse salvado, pero elige seguir la voluntad del Padre. A esto tenemos que llegar. Una actitud de sumisión y humildad tan grande que hasta teniendo la posibilidad de escapar la muerte, si sabemos que es voluntad de Dios, no lo haremos, y moriremos con gozo, con paz. Aun en la crisis, en el sufrimiento, no vamos a tomar el camino fácil, con tal de glorificar a nuestro Padre. Pienso, cuántas veces hemos tomado decisiones a beneficio nuestro, que parecen ser buenas, pero Dios quería glorificarse en la situación, y por querer estar bien, por querer salir de la crisis a nuestro tiempo, no lo dejamos a El el lugar para moldearnos y trabajar.



Me detengo un segundo para preguntarme. ¿Estoy dispuesto? ¿Me animo a seguir este modelo?



En el versículo 9, habla de un tema que a algunos nos encanta hablar, y que a otros prefieren no abrir esa puerta: La JUSTICIA. ¿Qué es la justicia? Busqué la definición en el diccionario Real Academia Española, y dentro de varias definiciones que hay, encontré la siguiente: “Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida. Ordinariamente se entiende por la divina disposición con que castiga o premia, según merece cada uno.” Me parecía interesante que el diccionario reconociera que la justicia es de Dios. En la carta, Pablo dice que la justicia está basada en la fe. Es interesante como estas dos cosas van de la mano. Soy una persona que siempre busca lo justo en cada situación. Siempre opino y siempre hay algo para criticar. Me encanta pelear y ponerme de pie para la justicia de alguien que no tiene, pero, ¿realmente es lo que necesitan? Mi concepto de justicia esta trastornada, gracias a la educación mundana. Ellos no necesitan la justicia que conocemos desde el punto de vista de la ley. No. Necesitan la justicia que está basada en fe. Esto significa que Dios los juzgara. La gente necesita la disciplina y la defensa de Dios. Estoy peleando por las cosas equivocadas. Necesito pedir la justicia divina en vez de la justicia que todos conocemos cono un sistema de derechos y garantías. Dios es un Dios justo, y El recompensará como corresponde a cada uno. Fe, amor, paz, justicia; todos van de la mano, porque Dios es completo.



Me pregunto, ¿Estoy dispuesta a dejar mis preconceptos de justicia, dejarlos en la cruz, y empezar a tomar y pedir la justicia divina que Dios ofrece? Es más difícil, porque ya no rendiré cuentas a la ley, si no que empiezo a rendir cuentas delante del Gran Juez (aunque todos algún día lo harán). Esto me hace más responsable, porque el castigo ya no es una multa, plata, o años en la cárcel. Soy responsable en hacer saber a la gente que existe justicia divina, y las consecuencias repercuten en la eternidad. ¿Estoy dispuesta a ponerme de pie para revolucionar nuestro sistema judicial, hablando de lo que pasara más allá de lo que nosotros comprendemos?

En fin, hay mucho para pensar, mucho para hacer, mucho para cambiar. ¿Estamos dispuestos? ¿Te animas a responder?