Locura. El Señor obra de las maneras más locas y menos pensadas. Hoy, estuvimos trabajando con un grupo que vende cosas que la gente ha donado, y lo que resta, lo regala a fundaciones y organizaciones. La plata lo dona también, a quienes lo creen necesario. Nos habían llamado para participar, y nos dijieron que después de la venta, podíamos llevar lo que necesitábamos para el contenedor. Asique así fue. Estuve desde las 6:30 de la mañana (los norteamericanos están locos) trabajando con ellos, ayudándoles, mirando cosas y demás, cuando encontré algo muy particular. Paso a contarles.
Encontré un “stocking”. No estoy muy segura como se dice esto en español, pero es una de esas “botas” que se pone en la chimenea para Navidad, y supuestamente Papa Noel viene y te pone regalos chicos ahí adentro. Nada nuevo, nada intrigante. Pero cuando lo estaba por tirar, me llamo la atención que tenía una etiqueta, asique lo leí. Decía: “Un regalo para: Michelle, De: El Cordero de Dios.” Lo primero que hice era reír. Después pensé, “Uy! Quizás hay plata o algo de valor adentro!” Asique me fije, y no había nada. Estaba vacío. Asique saque una foto, me reí, y lo descarte, como una coincidencia graciosa.
Mientras volvía a casa, de repente entendí. Si tenía sentido. No era una coincidencia. De hecho, estaba perfectamente pensado para que lo encontrara. Fue tan claro como el vidrio. Dios estaba hablando. Directamente a mí, sin vueltas que darle, sin confundirme. No había manera de evitarlo. Esta vez, me lo dejo bien escrito, literalmente. Les comparto lo que el Señor me hablo tan claramente a mi corazón. Es bien simple, pero como lo necesitaba refrescar!
Cuantas veces le damos regalos, que, básicamente, le hace sonreír al Señor. Esta bueno ¿no? Si. Puede ser. Esta bueno, pero El está buscando más. Está buscando servicio, regalos, adoración, alabanza, ofrenda, sacrificio, y tantas cosas, con valor. Cosas que nos cuesten. Y no lo creo coincidencia que la etiqueta decía “Del Cordero de Dios.” Claro! El regalo que El nos da, tiene más valor que cualquier riqueza en este mundo. Su Hijo. Jesús. El es el Cordero. Murió por nuestros pecados en la cruz, y muchas veces solo nos hace “sonreír” pensar en esto. No mantenemos fresco el valor y lo precioso que es. Cuantas veces le entrego al Señor un lindo paquete, y adentro cuando El espera algo de valor (como lo esperaba yo), solo encuentra aire, vacio, nada. Desilusiona. Y esto es donde me duele. Lo último que quiero hacer es desilusionar al Señor. Mejor dicho, entristecer al Espíritu. Todo lo que hago, quiero que tenga valor y trascendencia en el cielo. Hasta mis palabras deben estar cargadas con valor, esperanza y verdad. Cuantas conversaciones vacías he tenido. Y ni hablar de mi mente, de mis pensamientos. Ahí creo que ni siquiera le saco sonrisa. Me acuerdo de esa canción que cantamos en la iglesia. “Traemos hoy ante tu altar nuestras coronas. Queremos darte lo mejor de nuestras vidas.” Asique hoy otra vez el Señor me pregunta esto. ¿Estoy dejando lo mejor que puedo ante El? ¿Están cargadas de verdad, pureza, santidad, amor y valor lo que le doy al Señor?
Me acuerdo de las palabras de Pablo en Filipenses: “Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.
Háganlo todo sin quejas ni contiendas, para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas en el firmamento, manteniendo en alto la palabra de vida. Así en el día de Cristo me sentiré satisfecho de no haber corrido ni trabajado en vano. Y aunque mi vida fuera derramada sobre el sacrificio y servicio que proceden de su fe, me alegro y comparto con todos ustedes mi alegría. Así también ustedes, alégrense y compartan su alegría conmigo. (2:12-18)
Creo que está claro.

1 comentarios:
Gracias Mich! Ha sido Muy bueno leerlo.
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