Me enamore. Me enamore de esta ciudad, de sus luces, de sus calles. Tiene un encanto hermoso. Y de los desencantos, también me enamore. Esas calles con posos que te dan cosquillas en la panza cuando pasas por arriba muy rápido. Me enamore del viento, ese viento que me despeina completamente (y no me pienso peinar de vuelta, nunca mas.) Me enamore de los bichitos que cantan, de las estrellas, de los olores. Viste, esos olores que te descolocan totalmente del tiempo y espacio. Me enamore de los espacios públicos, las plazas y los parques, llenos de familias escapando del calor de sus casas. Me enamore de las senioras sentadas en la vereda, tomando mates. Que lindos espacios, donde nadie es duenio, donde todos son vecinos, todos son iguales. Que linda es la comunidad. Me enamore de las charlas, de las risas. Me enamore de esos asados improvisados. Me enamore de esas caminatas sin destino, y de los destinos sin descubrir. Me enamore del vino, pero mas enamorada estoy de las personas con quienes tomo ese juguito. Que hermoso regalo, los amigos, y esos mas o menos amigos, pero en fin personas preciosas. Me enamore de mis amigos, esos que se quedan, y algunos que se van. Me enamore de sus chistes, de sus risas, y de sus lagrimas, de sus debates, opiniones y argumentos. Me enamore de los maní que tenes que sacar la cascara. Que divertido! Me enamore de los arboles, que en el día nos dan sombra, y en la noche, dan un toque de misterio a estas calles tan conocidas. Me enamore de estas noches de verano, que te tranquilizan, te paralizan, te motivan. Me enamore de la montania. Que chiquitos que somos. Llegar a casa después de un dia largo y encontrar a mi perro que me roba una ojota, me enamora. Esta loco ese perro, pero como me encanta! Me enamore de la familia, de la casa, y de irme de casa también. Me enamore de las crisis, de las dudas, y de las respuestas. Me enamore de las soluciones. Me enamore de la esperanza. Me enamore de los colores, y de la lluvia y las nubes gris también. Lo cotidiano no tiene que ser cotidiano. Los detalles son importantes.
Redefinir.
Author: Michelle /
Creo en la ciencia y creo en Dios. Creo en un Dios científico.
Restantes de una hoja en blanco...
Author: Michelle /Quizás escribo porque tengo algo para decir. Quizás sea porque justo se dio la coincidencia de haberse encontrado esta lapicera con esta hoja. Quizás sea porque, por un segundo, pensé que podría encontrarte entre tinta y palabras. Quizás reside tu corazón entre líneas de oraciones vacías.
Quizás...
¿Existen las coincidencias? ¿Existe un tiempo perfecto donde lo paralelo puede cruzarse sin chocar y provocar caos?
Quizás todo esto sea porque vi una hoja en blanco y no pude resistir llenar sus espacios. ¿Seré capaz de disfrutar tus silencios, o también tiene que haber una melodía que suene en esos espacios?
No lo puedo explicar. Se que mi mano se mueve al son de mis pensamientos. ¿Y mis pensamientos? ¿Serán por la falta de tu aroma o por tu perfume que todavía puedo oler?
No se si se encuentra certeza alguna entre la combinación de letras que he elegido. Ni se si los elegí, o si tenían que existir. ¿Tiene que haber certeza? ¿O se podrá disfrutar una incoherencia armónica que simplemente es?
Quizás escribo porque tengo algo para decir...
La odisea de la garrapata
Author: Michelle /Tesoros sobrenaturales
Author: Michelle /Locura. El Señor obra de las maneras más locas y menos pensadas. Hoy, estuvimos trabajando con un grupo que vende cosas que la gente ha donado, y lo que resta, lo regala a fundaciones y organizaciones. La plata lo dona también, a quienes lo creen necesario. Nos habían llamado para participar, y nos dijieron que después de la venta, podíamos llevar lo que necesitábamos para el contenedor. Asique así fue. Estuve desde las 6:30 de la mañana (los norteamericanos están locos) trabajando con ellos, ayudándoles, mirando cosas y demás, cuando encontré algo muy particular. Paso a contarles.
Encontré un “stocking”. No estoy muy segura como se dice esto en español, pero es una de esas “botas” que se pone en la chimenea para Navidad, y supuestamente Papa Noel viene y te pone regalos chicos ahí adentro. Nada nuevo, nada intrigante. Pero cuando lo estaba por tirar, me llamo la atención que tenía una etiqueta, asique lo leí. Decía: “Un regalo para: Michelle, De: El Cordero de Dios.” Lo primero que hice era reír. Después pensé, “Uy! Quizás hay plata o algo de valor adentro!” Asique me fije, y no había nada. Estaba vacío. Asique saque una foto, me reí, y lo descarte, como una coincidencia graciosa.
Mientras volvía a casa, de repente entendí. Si tenía sentido. No era una coincidencia. De hecho, estaba perfectamente pensado para que lo encontrara. Fue tan claro como el vidrio. Dios estaba hablando. Directamente a mí, sin vueltas que darle, sin confundirme. No había manera de evitarlo. Esta vez, me lo dejo bien escrito, literalmente. Les comparto lo que el Señor me hablo tan claramente a mi corazón. Es bien simple, pero como lo necesitaba refrescar!
Cuantas veces le damos regalos, que, básicamente, le hace sonreír al Señor. Esta bueno ¿no? Si. Puede ser. Esta bueno, pero El está buscando más. Está buscando servicio, regalos, adoración, alabanza, ofrenda, sacrificio, y tantas cosas, con valor. Cosas que nos cuesten. Y no lo creo coincidencia que la etiqueta decía “Del Cordero de Dios.” Claro! El regalo que El nos da, tiene más valor que cualquier riqueza en este mundo. Su Hijo. Jesús. El es el Cordero. Murió por nuestros pecados en la cruz, y muchas veces solo nos hace “sonreír” pensar en esto. No mantenemos fresco el valor y lo precioso que es. Cuantas veces le entrego al Señor un lindo paquete, y adentro cuando El espera algo de valor (como lo esperaba yo), solo encuentra aire, vacio, nada. Desilusiona. Y esto es donde me duele. Lo último que quiero hacer es desilusionar al Señor. Mejor dicho, entristecer al Espíritu. Todo lo que hago, quiero que tenga valor y trascendencia en el cielo. Hasta mis palabras deben estar cargadas con valor, esperanza y verdad. Cuantas conversaciones vacías he tenido. Y ni hablar de mi mente, de mis pensamientos. Ahí creo que ni siquiera le saco sonrisa. Me acuerdo de esa canción que cantamos en la iglesia. “Traemos hoy ante tu altar nuestras coronas. Queremos darte lo mejor de nuestras vidas.” Asique hoy otra vez el Señor me pregunta esto. ¿Estoy dejando lo mejor que puedo ante El? ¿Están cargadas de verdad, pureza, santidad, amor y valor lo que le doy al Señor?
Me acuerdo de las palabras de Pablo en Filipenses: “Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.
Háganlo todo sin quejas ni contiendas, para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas en el firmamento, manteniendo en alto la palabra de vida. Así en el día de Cristo me sentiré satisfecho de no haber corrido ni trabajado en vano. Y aunque mi vida fuera derramada sobre el sacrificio y servicio que proceden de su fe, me alegro y comparto con todos ustedes mi alegría. Así también ustedes, alégrense y compartan su alegría conmigo. (2:12-18)
Creo que está claro.

Bla Bla Bla
Author: Michelle /A veces se me ocurre pensar que la comunicación entre seres humanos es lo más complejo y difícil que existe en la faz de esta tierra. Claro, tenemos muchos métodos para hacerlo, pero la genuina comunicación no pasa muy seguido. Eso de decir algo y que el receptor de tu mensaje entienda perfectamente lo que quisiste emitir. No, eso no pasa casi nunca, ni si quiera con las personas que más te conocen. Ni hablar de todo lo dicho cuando nadie habla, y ahí sí que hay lugar para interpretar lo que a uno le gustaría ‘escuchar’.
Me rindo.
Hoy me doy por vencida en tratar de expresar lo que realmente pasa en mi cabeza. ¿Será que yo soy el problema? ¿Será que de veras tengo una grave problema en expresarme; o que no tengo todo muy bien alienado en la cabeza? No lo sé.
Más que nunca, entiendo lo que Sócrates dijo: “Solo sé que no sé nada.”
Pero ahí está el punto. Pienso que lo entiendo, pero quizás no tiene nada que ver mi interpretación con lo que él quiso decir.
Es desesperante. Lo peor es cuando decís algo, sin querer ofender, y otra persona lo interpreta de la peor manera posible.
¿Dónde está el balance? Eso de no volverse analítico de todo, pero a la vez, tener la capacidad de pensar las cosas antes de decirlo. ¿Existe ese punto? Todavía no lo he encontrado.
Como me gustaría poder explicar gráficamente, con dibujos y bien lento tantas cosas que he dicho. Y encima existe la frase, “No aclares que oscurece.”
Ya está. No hay remedio.
A todo esto, creo que hay una pequeña luz al final del túnel. Cuando me comunico con Dios, por lo menos puedo ser yo, en mi máxima estado de confusa, sin poder decir ni una palabra, y El me entiende.
Menos mal.