Creo en la ciencia y creo en Dios. Creo en un Dios científico.
Quizás escribo porque tengo algo para decir. Quizás sea porque justo se dio la coincidencia de haberse encontrado esta lapicera con esta hoja. Quizás sea porque, por un segundo, pensé que podría encontrarte entre tinta y palabras. Quizás reside tu corazón entre líneas de oraciones vacías.
Quizás...
¿Existen las coincidencias? ¿Existe un tiempo perfecto donde lo paralelo puede cruzarse sin chocar y provocar caos?
Quizás todo esto sea porque vi una hoja en blanco y no pude resistir llenar sus espacios. ¿Seré capaz de disfrutar tus silencios, o también tiene que haber una melodía que suene en esos espacios?
No lo puedo explicar. Se que mi mano se mueve al son de mis pensamientos. ¿Y mis pensamientos? ¿Serán por la falta de tu aroma o por tu perfume que todavía puedo oler?
No se si se encuentra certeza alguna entre la combinación de letras que he elegido. Ni se si los elegí, o si tenían que existir. ¿Tiene que haber certeza? ¿O se podrá disfrutar una incoherencia armónica que simplemente es?
Quizás escribo porque tengo algo para decir...
Locura. El Señor obra de las maneras más locas y menos pensadas. Hoy, estuvimos trabajando con un grupo que vende cosas que la gente ha donado, y lo que resta, lo regala a fundaciones y organizaciones. La plata lo dona también, a quienes lo creen necesario. Nos habían llamado para participar, y nos dijieron que después de la venta, podíamos llevar lo que necesitábamos para el contenedor. Asique así fue. Estuve desde las 6:30 de la mañana (los norteamericanos están locos) trabajando con ellos, ayudándoles, mirando cosas y demás, cuando encontré algo muy particular. Paso a contarles.
Encontré un “stocking”. No estoy muy segura como se dice esto en español, pero es una de esas “botas” que se pone en la chimenea para Navidad, y supuestamente Papa Noel viene y te pone regalos chicos ahí adentro. Nada nuevo, nada intrigante. Pero cuando lo estaba por tirar, me llamo la atención que tenía una etiqueta, asique lo leí. Decía: “Un regalo para: Michelle, De: El Cordero de Dios.” Lo primero que hice era reír. Después pensé, “Uy! Quizás hay plata o algo de valor adentro!” Asique me fije, y no había nada. Estaba vacío. Asique saque una foto, me reí, y lo descarte, como una coincidencia graciosa.
Mientras volvía a casa, de repente entendí. Si tenía sentido. No era una coincidencia. De hecho, estaba perfectamente pensado para que lo encontrara. Fue tan claro como el vidrio. Dios estaba hablando. Directamente a mí, sin vueltas que darle, sin confundirme. No había manera de evitarlo. Esta vez, me lo dejo bien escrito, literalmente. Les comparto lo que el Señor me hablo tan claramente a mi corazón. Es bien simple, pero como lo necesitaba refrescar!
Cuantas veces le damos regalos, que, básicamente, le hace sonreír al Señor. Esta bueno ¿no? Si. Puede ser. Esta bueno, pero El está buscando más. Está buscando servicio, regalos, adoración, alabanza, ofrenda, sacrificio, y tantas cosas, con valor. Cosas que nos cuesten. Y no lo creo coincidencia que la etiqueta decía “Del Cordero de Dios.” Claro! El regalo que El nos da, tiene más valor que cualquier riqueza en este mundo. Su Hijo. Jesús. El es el Cordero. Murió por nuestros pecados en la cruz, y muchas veces solo nos hace “sonreír” pensar en esto. No mantenemos fresco el valor y lo precioso que es. Cuantas veces le entrego al Señor un lindo paquete, y adentro cuando El espera algo de valor (como lo esperaba yo), solo encuentra aire, vacio, nada. Desilusiona. Y esto es donde me duele. Lo último que quiero hacer es desilusionar al Señor. Mejor dicho, entristecer al Espíritu. Todo lo que hago, quiero que tenga valor y trascendencia en el cielo. Hasta mis palabras deben estar cargadas con valor, esperanza y verdad. Cuantas conversaciones vacías he tenido. Y ni hablar de mi mente, de mis pensamientos. Ahí creo que ni siquiera le saco sonrisa. Me acuerdo de esa canción que cantamos en la iglesia. “Traemos hoy ante tu altar nuestras coronas. Queremos darte lo mejor de nuestras vidas.” Asique hoy otra vez el Señor me pregunta esto. ¿Estoy dejando lo mejor que puedo ante El? ¿Están cargadas de verdad, pureza, santidad, amor y valor lo que le doy al Señor?
Me acuerdo de las palabras de Pablo en Filipenses: “Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.
Háganlo todo sin quejas ni contiendas, para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas en el firmamento, manteniendo en alto la palabra de vida. Así en el día de Cristo me sentiré satisfecho de no haber corrido ni trabajado en vano. Y aunque mi vida fuera derramada sobre el sacrificio y servicio que proceden de su fe, me alegro y comparto con todos ustedes mi alegría. Así también ustedes, alégrense y compartan su alegría conmigo. (2:12-18)
Creo que está claro.

A veces se me ocurre pensar que la comunicación entre seres humanos es lo más complejo y difícil que existe en la faz de esta tierra. Claro, tenemos muchos métodos para hacerlo, pero la genuina comunicación no pasa muy seguido. Eso de decir algo y que el receptor de tu mensaje entienda perfectamente lo que quisiste emitir. No, eso no pasa casi nunca, ni si quiera con las personas que más te conocen. Ni hablar de todo lo dicho cuando nadie habla, y ahí sí que hay lugar para interpretar lo que a uno le gustaría ‘escuchar’.
Me rindo.
Hoy me doy por vencida en tratar de expresar lo que realmente pasa en mi cabeza. ¿Será que yo soy el problema? ¿Será que de veras tengo una grave problema en expresarme; o que no tengo todo muy bien alienado en la cabeza? No lo sé.
Más que nunca, entiendo lo que Sócrates dijo: “Solo sé que no sé nada.”
Pero ahí está el punto. Pienso que lo entiendo, pero quizás no tiene nada que ver mi interpretación con lo que él quiso decir.
Es desesperante. Lo peor es cuando decís algo, sin querer ofender, y otra persona lo interpreta de la peor manera posible.
¿Dónde está el balance? Eso de no volverse analítico de todo, pero a la vez, tener la capacidad de pensar las cosas antes de decirlo. ¿Existe ese punto? Todavía no lo he encontrado.
Como me gustaría poder explicar gráficamente, con dibujos y bien lento tantas cosas que he dicho. Y encima existe la frase, “No aclares que oscurece.”
Ya está. No hay remedio.
A todo esto, creo que hay una pequeña luz al final del túnel. Cuando me comunico con Dios, por lo menos puedo ser yo, en mi máxima estado de confusa, sin poder decir ni una palabra, y El me entiende.
Menos mal.
Ayer tuve la posibilidad de poder sentarme a hablar, por unas cuantas horas, con mi bis-abuela de 93 años. Estuvimos ahí en el sillón, repasando vida, recordando historias. Ella me contaba muchas cosas, a veces con una sonrisa, a veces con sensación de nostalgia. Antes quizás me costaba un poco poder llevar a cabo una conversación con una persona mayor, pero ayer, me sentí privilegiada. Me di cuenta que estaba en presencia de una mujer que ha visto tanto. En estos últimos 10 años, claro, todo avanza tan rápido, pero estamos acostumbrados al avance, ya sea tecnológico, comunicativo, etc. ¡Pero mi bis-abuela, “Lela”, nació en el año 1918! Las transformaciones de nuestra sociedad que esta mujer ha vivido, es impresionante. Estuve en presencia de pura sabiduría, de plena vida.
Mientras ella hablaba, yo escuchaba, entre otras cosas. Observaba su piel, ya casi transparente, con arrugas que marcan absolutamente cada gesto que la cara puede hacer. Los ojitos nublados, y el pelo fino, blanco y retrocedido. La voz baja, y quizás un poco ‘crocante’, por decirlo de alguna manera. A pesar de todo esto, veía una hermosura en esta mujer. Preciosa, de hecho. Y se ahora que no tiene que ver con lo físico.
Algo que dijo me impacto. Sus palabras, su mirada, todavía resuenan en mi cabeza. Mientas repasábamos su vida, me dijo algo que nunca me voy a olvidar. “He vivido mucho”, me decía. “Me siento un poco mal, porque ahora todos me tienen que cuidar, y por ahí siento que soy una carga, pero todos me miman.” Yo le asegure que los mimos y toda la atención, la tenía bien merecida. Me sonreía. “De todos modos, yo ya estoy lista. Antes pensaba mucho en la muerte, quizás tenía hasta un poco de miedo, pero ahora, estoy lista. Yo acá he cumplido con todo lo que tenía que hacer. ¿Qué más puedo pedir? Tengo mis hijos, nietos y bis-nietos todos bien, y aman al Señor.” Mientras decía esto, me conmovió el corazón. La mirada de paz que tenía en sus ojos, no se puede comparar con nada que reconoce el premio nobel. Ella esta lista. “Quiero ver su gloria, quiero ver al Señor”, me dijo.
Mientras se me llenaban los ojos de lágrimas, le dije, que la envidiaba, por decir así. Ella se reía.
Cuando volvía a mi casa ese día, no podía dejar de pensar. Cuando yo tenga su edad, o más, o menos, quiero poder decir con la paz que ella tenía, que he cumplido mi misión; mejor todavía, he cumplido su misión. Cuando ya me cuesta caminar y mis pelos son blancos, quiero mirar a mis manos, como ella hacía, y saber, que esas arrugas, esa piel gastada, ha sido gastada para su reino, para la gloria y al servicio de Dios.
Mi descanso será en el cielo. Ahora hay mucho trabajo para hacer. La recompensa será poder escuchar esas palabras, “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Mi gozo la encontrare cuando este sentada en la mesa del Señor. Mi corazón descansara en presencia de miles y miles de ángeles y santos, hermanos de esta vida que también escucharon esas palabras, cantando y adorando a nuestro Papito por una eternidad. ¡Qué esperanza tenemos! Pablo dice en 1 Corintios algo que, quizás recién ahora, estoy entendiendo. En el capítulo 15, versículo 19 dice, “Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales.” Me quedo con esto. Quiero dar todo. Quiero poder decir, al final de mi vida, que no me queda nada, porque todo lo di. Qué hermoso seria que los que me conocieron, me recuerdan como alguien entregada, dada y totalmente al servicio de nuestro Señor Jesucristo. Que honor seria. Este es mi profundo deseo. Como Pablo dijo, “Mi ardiente anhelo y esperanza es que en nada seré avergonzado, sino que con toda libertad, ya sea que yo viva o muera, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo. Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.” El merece esto; discípulos entregados sin vergüenza, en total libertad, en la vida o enfrentando la muerte, que Cristo sea glorificado y exaltado en todo lo que hacemos. Si encaro el mañana, es porque El vive. Y si me muero, tengo una eternidad al lado de mi precioso Padre, mi amado Señor. Como dice mi bis-abuela, estoy lista.
hace mucho que no ando por estos lados. no se si es porque me olvide, o si perdi interes, o simplemente por el miedo de lo que podria salir de mis dedos en movimiento, patinando sobre un teclado inutil. al final del dia, pasan tantas cosas por mi cabeza, y no creo que haya alguien que le interesa saber que. quizas sea negativo lo que pienso, o un llamado subconciente de atencion o ayuda. quien sabe... yo no.
llega el verano. la gente se afloja. pierde razonamiento. pierde direccion, y como todos los anios, caemos en lo mismo. y cuando llega marzo, y es tiempo de arrancar el anio de nuevo, hace faltar empezar todo de nuevo, porque en el verano se hecho a perder.
no quiero quedarme atrapada en el ciclo vicioso de basura.
no. eso no es para mi.
pero la primera batalla empieza en mi mente.
y volvemos al principio. para que derramar esto en una hoja virtual para que todos lo vean. todo empieza en mi mente, en mi corazon...